La librería de los sueños.

Un cuaderno por favor…
Su voz sonó firme en medio de aquella vieja librería que siempre había conocido desde pequeña, con un escaparate lleno de mugre y viejos libros apilados sin orden ni disciplina .

Qué tipo de cuaderno quiere? …
El señor de aquel lugar parecía tener más de 200 años, tan arrugado como el papel mojado y secado al sol. Solo verlo podía lanzar tu imaginación y pensar que podía haberse escapado de uno de esos libros tan antiguos que poblaban ese lugar tan misterioso. 
Con sus grandes ojos intentaba adivinar en cuál de los estantes podían esconderse cuadernos para escribir o dibujar , porque en verdad, solo quería uno donde plasmar su alocada imaginación , dejar a su delicada mano dirigir un lápiz y que esté fuera el vehículo donde moverse por las infinitas trazas de papel.

Pues…uno grande, que tenga muchas hojas…y un lapicero que pinte bien.
Sin mediar palabras, el señor la miró por encima de sus lentes y se alejó saltando entre los libros desparramados por el suelo , dejándola sola frente al mostrador.
Gabriela comenzó a inquietarse y a mover la cabeza de un lado a otro. Sentía que allí dentro se encontraban mil historias prisioneras de páginas aún por leer , aventureros y enamorados, monstruos de leyenda, y princesas de muchas épocas que gritaban salir de aquel encierro esperando ser leídas por alguien capaz de anular el hechizo.

Por un momento , cerró los ojos y sintió pequeñas voces , el relinchar de un caballo y hasta la pareció oír el traqueteo de un viejo tren de vapor.

Aquí tienes niña… Dijo el dueño con voz ronca y rasgada. Este cuaderno es el único que me queda , no quería venderlo, pero tú eres especial, tienes una mirada que es la puerta de un corazón ansioso por dibujar lo que siente, crear su propio universo ,pero ten cuidado… Nunca dibujes nada malo en el, pues se cerrará y no podrás volver a abrirlo jamás.

Ella lo miró como a un loco, y extendiendo un billete de 10 euros quiso pagarlo, pero de nuevo, el anciano la dijo:
Te lo regalo, en el podrás dibujar y hacer realidad tus sueños…
Gabriela no entendía nada, pero no rechazó la oferta, y agarrando el cuaderno y el lapicero salió dando las gracias por la puerta de la librería .
Deseaba ponerse a dibujar sin parar, no era algo que hiciera demasiado bien, pero la relajaba, le daba vida a todo cuando guardaba en su interior , dejar que el lápiz creará formas, imágenes e incluso deseos , luego, coloreaba algunas partes de aquellas ilustraciones que solo tenían sentido para ella. A veces podía tirarse horas haciéndolo , hasta que quedaba rendida y dormida sobre el cuaderno.


El primer día se dedicó a hacer garabatos sin aparente sentido , mezclaba toda su imaginación y los transportaba hasta aquellas hojas ligeramente amarillentas, cada día llenaba una hoja, y cuando terminaba, una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro. Gabriela siguió dibujando sus sueños , era una vía de escape a sus problemas diarios, se sentía viva y quizás pensaba que con ello daba vida a sus anhelos más secretos, a su futuro, a su entender de la vida.
Pasaron los años y aquel cuaderno ya lleno de tantos y tantos dibujos que ella solo entendía quedó sobre la estantería de su habitación , olvidado ya que estaba lleno, no había más hojas donde poder llenar con sus sueños . 
Gabriela siempre cumplió la única norma que indicó aquel anciano de la librería , jamás dibujar y escribir nada malo… 

Un día , su pequeña prima entró en la habitación , y viendo aquel enorme cuaderno se abalanzó sobre el y lo abrió . Gabriela giró la cabeza alertada, nadie había abierto su secreto, nadie había visto sus abstractos dibujos, ahora se sentía desnuda de alguna manera, indefensa en sus emociones. Pero al abrir la primera hoja allí no había nada, solo una hoja en blanco, y después otra y otra y otra más… Todo había volado.
Ninguno de sus dibujos estaban allí . Su cara de asombro era total, deseaba saber porqué , donde estaban aquellos cientos de garabatos , aquellas imágenes que ella había impregnado de sentido …

Salió de su casa y se dirigió hasta la vieja librería . Allí observó que había cerrado , estaba pendiente de demolición ya que era un edificio muy viejo. Se quedo triste mirando aquel escaparate muriendo de pena sin libros, solo algunas hojas sueltas volando en su interior , como pájaros enjaulados queriendo salir.
Eres Gabriela…? Preguntó un señor que estaba leyendo el periódico en la esquina…
Si…dijo ella sin dejar de mirar el escaparate…
Este sobre es para ti…
Era un sobre amarillento y desgastado , que llevaba impreso su nombre, temblorosa procedió a abrir y observar en su interior. Allí no había nada más que una nota, unas palabras :
” Dibujaste tus sueños …ahora los sueños te pertenecen ”
Por fin comprendió porque el cuaderno estaba vacío . 

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