La fábrica de sonrisas.

Todo el mundo veía el humo salir de aquella fábrica , un humo de colores que inundaba el viejo pueblo en la ladera de aquella colina . Por alguna razón extraña cuando inundaba las calles todo el mundo comenzaba a sonreír , hasta el señor Braulio , que nunca se reía , era capaz de articular su rígido rostro y mostrar aquella dentadura casi perfecta hecha por la porcelana más fina gracias a las manos del dentista de siempre.

Las 18:30, esa era la hora en la que la fábrica acostumbraba a expulsar aquel maravilloso elixir de felicidad, y era en ese mismo tiempo, el que casualmente todo el mundo salía a pasear bajo cualquier excusa. Era fácil ver a todo el mundo saludarse, a los niños corretear por las calles empedradas, y a viejos enemigos abrazarse sin importar las antiguas rencillas.

Pero aquel humo de colores no duraba mucho, lamentablemente solo aparecía durante 60 segundos , tiempo muy corto , porque una vez el viento hacia acto de presencia , se disipaba, dejando al pueblo sumido en un halo de tristeza. Las personas se quedaban mirando unas a otras, como si fueran desconocidos , y corrían a encerrarse en sus casas cerrando a cal y canto puertas y ventanas. Solo quedaban algunos en la calle, deprimidos , esperando las 18:30 del siguiente día.

Angélica vivía en una de las casas, en el número 8 de la calle que subía hasta la misteriosa fábrica. Desde una rendija de su ventana observaba como la noche envolvía las misteriosas chimeneas por las cuales brotaban vapores de Arco Iris, pero ahora, solo podía ver el cielo oscuro, y escuchar de vez en cuando el maullido de un Gato. Se preguntaba el porqué esas chimeneas no podían estar funcionando todo el día, y no solamente durante aquella hora tan hermosa en la que todo el mundo era feliz.


Decidió salir y acercarse donde nadie nunca lo había hecho, se enfrentó a sus miedos y dejó de temer a la oscuridad, salió corriendo bajo el amparo de la Luna llena y sin casi respiración llegó hasta la puerta de aquel lugar que las sombras lo dibujaban ahora como una enorme fortaleza, en la que sorprendentemente la puerta estaba abierta. Con cuidado la abrió , y frente a ella no había nada, ningún Guardia que protegiera aquel lugar, ni material de construcción, nada, solo un vacío inquietante . 

Caminó por la sala hasta que se topó con una inscripción en el suelo” Necesito sonrisas de corazón verdadero” . La inscripción parecía tener cientos de años , pero a ella la gustó tocar su relieve, la hacía sentir feliz. Según acariciaba aquella piedra comenzó a sonreír, primero una leve sonrisa , después era toda felicidad plena. Notaba un vibrar especial , un sentir que decía en su interior que estaba en el lugar correcto . Notó una mano sobre su hombro, giró su cabeza y sonriendo vio como todo estaba inundado de humo de colores, no había un rincón por pequeño que fuera que no estuviera rodeado de esa luz multicromática.

Amaneció. El pueblo estaba pintado de color y las gentes se saludaban y sonreían sin esperar a las 18:30. Angélica decidió que era más importante donar su sonrisa y quedarse en aquel lugar misterioso donde poder hacer un Mundo más feliz, y sentir que aquella mano la acompañaría toda su vida. Aquella fábrica la llamaron ” La fábrica de sonrisas” y siempre , desde aquel día , sonreír es obligatorio en cada rincón de sus calles, mientras desde la ventana de aquel lugar puede verse la silueta de una mujer junto a álguien que está hecho del material de las sonrisas…

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