El árbol de Jenny.

Cada mañana, al amanecer, cuando el sol aún está asomando por la montaña y el rocío baña con su pureza las finas hojas de la hierba y los pétalos de las pocas flores que el invierno ha dejado, puedo ver desde mi pequeña ventana ese árbol grande y frondoso donde Jenny está sentada al lado de sus raíces. Os preguntareis como se su nombre..me lo dijo el viento, y es que cuando aprendes a escuchar eres capaz de traducir los mensajes de la naturaleza.

Jenny acaricia con sus finas y delgadas manos el tronco de aquel gran Abeto, un Abeto solitario en medio de un prado que necesita de su presencia pues ella hace que el viento frío sea como una caricia en el día. Su sonrisa es real y constante, la veo cerrar los ojos y puedo imaginarme como sería si me convirtiera en el aire que llena sus pulmones, escuchar el latido de su corazón y cuando expire llevarme todo lo bueno que veo en ella.

Acaricio con mis manos desde lo lejos aquella estampa, es como un cuadro que veo moverse, ensimismado como si estuviera sentado en un museo durante horas y horas descubriendo los rasgos de un gran pintor y sus secretos de pincel. Claro que quizás no dije que soy prisionero de mi mismo, encerrado en una gran bola de cristal desde donde solo puedo ver ese pequeño trozo de mundo que me reconforta y me alienta a escapar de donde soy prisionero por mil años.

Intento gritar su nombre, pero ella no puede escuchar. Es como un hada del bosque que vela por el, desde la mañana a la noche, es su sonrisa la que hace derretir el hielo y cuando se aleja, es la noche la que hace de su manto para arroparla y dejar que duerma.

Golpeo el cristal de mi encierro sin obtener ninguna respuesta, solo dejar doloridos mis huesos de tanto insistir. Un susurro del viento me hace recordar que aunque lo siento y estoy vivo, no puedo salir de allí. Miro de nuevo, y no la veo, un tremendo desazón me inunda al no ver mas que el árbol sin nadie que le acompañe, solo la oscuridad. Pienso que quizás se fue a dormir y yo no me di cuenta intentado salir de mi cárcel de cristal.

Amanece de nuevo y veo como tras la noche los primeros rayos de sol iluminan el viejo árbol. Mi ojos intentan ver mas de lo que pueden, quieren ver aquella joven , a Jenny, como cada día. Pero no aparece..no está. Es la primera vez que no la veo allí sentada. Poco a poco el día desaparece, y así da comienzo otro..y otro mas, y nada, ella ya no está. Quien sabe, es posible que se diera cuenta de que alguien dese el mas allá la estuviera observando y cansada de ello decidiera buscar otro árbol donde estar.

Hoy vi como el Abeto estaba seco, al igual que aquel verde prado que los Dioses me permitían ver. Todo era gris, sin vida, hasta el cristal de mi ventana estaba opaco y resquebrajado . Era claro, era el árbol de Jenny y sin ella, todo se apagó.

Os cuento que algo hizo que mi prisión se convirtiera en cenizas. No sé que pasó pero pero estoy fuera, desnudo, frente aquel majestuoso gran árbol seco. Acaricio sus raíces y noto su tristeza,su pesar, idéntico al mio. Decido sentarme y ver por primera vez en 1000 años de encierro la puesta de sol, mientras percibo el olor de la primavera aunque es invierno. Miro al cielo y en mi mirar veo la copa del Abeto reverdecer de su letargo.

Es Jenny..lo se

Sin-título-1

 

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