Tras las rejas.

Un fuerte golpe en la cabeza fue lo último que recordaba, además de su vista nublada según se precipitaba al suelo. Ahora sus ojos se acostumbraban a la oscuridad de aquella celda con una pequeña ventana de gruesas rejas oxidadas. La humedad era intensa, tanto que notaba como sus músculos se entumecían con solo sentirla. Frotó sus parpados y giró su cabeza para ver donde se encontraba.

Era una pequeña cárcel de piedra, obviamente había sido hecho prisionero en la batalla. Se encontraba desnudo, le habían desposeído de todas sus pertenencias, solo tenía para el la viva llama que aún latía en su interior por querer salir de donde acababa de caer. Siempre fue un alma libre..como dicen los viejos..pero ahora era lo mas parecido a un pájaro enjaulado, sin mas luz que la que se colaba por aquellas rejas desafiantes.

rejas_carcel_auschwitz

El silencio reinaba allí, solo el goteo incesante de la lluvia que estaba cayendo en el exterior rompía el sepulcral silencio. Miraba acurrucado en una esquina, temblando de frío como las gotas se colaban entre la ventanuco llegando alguna a tocar su rostro. Cerraba sus ojos e intentaba imaginar que estaba fuera, en la entrada de su casa cuando empezaba a llover, recordaba lo mucho que le gustaba mojarse y el rico olor a tierra mojada, como en ese momento salia su esposa a abrazarlo con una manta de lana donde se envolvían y se comían a besos, mientras la lluvia les empapaba y era parte de su amor.

Pero aquella bonita visión duró poco.Con sus brazos acariciaba su espalda desnuda como queriendo sentir algo mas que no fuera soledad y dolor. Lo habían dejado allí encerrado sin preguntar nada, ni siquiera había podido ver a sus captores. Pensaba cuan cruentas son las guerras, y esta era una mas de las que le había tocado vivir.Ahora seguía obsesionado con escapar, convertirse en una libélula que pudiera pasar entre los barrotes y decirle adiós a la triste prisión.

Se levantó del frío y húmedo suelo. Con sus manos agarró los barrotes y flexionó sus brazos para intentar alcanzar a ver tras ellos. Pero estaba muy débil, apenas pudo levantar un palmo del suelo. Se quedó bajo la ventana, cabizbajo , así toda la noche, hasta que amaneció. Durante mas de dos días no se movió  solo el reflejo de la luz partida a través de las rejas dibujaba sobre su cuerpo desnudo un tenebroso traje a rayas.

Después de tres días la gruesa puerta de madera y hierro se abrió. Unos soldados entraron y lo encontraron en el suelo, con la mirada fija en los barrotes, y los ojos vidriosos y en la mamo un pequeño gorrión. Cuando lo tocaron, vieron que había muerto. En ese momento su mano se abrió y el pájaro voló a través de la ventana entre los fríos y oxidados metales .

Desde ese día, cuando un gorrión canta y esta lloviendo a cántaros, deja de llover y después sale el sol, una reflexión es que como todos sabemos, nunca llueve eternamente, y las rejas o barrotes que detienen tu libertad pueden dejar de serlo si te aventuras a volar.

 

 

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